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LIBROS
La salud pública, a la luz de la historia: (4 de 5)

Renacimiento y revoluciones plagadas de infecciones y soluciones: hacia un mundo más saludable


La pandemia de COVID se aproxima a 23 millones de infectados y 800.000 muertos en 188 países,cuyos gobiernos apenas cooperan,mientras las tecnologías de la información del digitalismo encuentran frenos institucionales incluso para detectar y rastrear los contactos.Con esta lectura recodamos que que el Renacimiento y la Ilustración multiplicaron las infecciones y sus soluciones por el conocimiento.Ciencia, política, tecnología y economía superarían su actual incapacidad global si lo entendieran.
Redacción 22 de agosto de 2020 Enviar a un amigo
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Iluminación, revolución e ilustración (1750-1875)

Con el declive de la peste, el perfil de la enfermedad en Europa Occidental cambió de enfoque. La exploración geográfica, el desarrollo urbano y la expansión imperial crearon nuevos patrones. El comercio, la industria, las flotas mercantes y los viajes de descubrimiento para buscar nuevos mercados condujeron al desarrollo de una clase media y ciudades adineradas. En este periodo, la explotación de minas, las fundiciones y las plantas industriales crearon nuevos bienes y riqueza. En parte como resultado del comercio generado y el mayor movimiento de bienes y personas, vastas epidemias de enfermedades infectocontagiosas se extendieron por toda Europa. El raquitismo, la escarlatina y el escorbuto se manifestaron de forma desenfrenada, especialmente entre los marineros.

La contaminación y el hacinamiento en las áreas industriales ejercieron una profunda influencia en el medio ambiente y en la salud de los trabajadores; las enfermedades epidémicas de las comunidades aisladas se convirtieron en endémicas en entornos urbanos, particularmente entre la clase trabajadora. La urbanización significo la aglomeración de más personas en las ciudades. Las invasiones de choque fueron reemplazadas por niveles crecientes de infecciones endémicas y enfermedades crónicas que ocasionalmente se convirtieron en una epidemia, como la malaria, el tifus, la viruela, el sarampión, la gota e inclusive la plaga. Así pues, este se convirtió en un período en el que surgió un nuevo interés en el desarrollo del análisis científico social de la salud de las poblaciones.

Si bien las reformas para la industria y las nuevas prácticas de saneamiento se convirtieron en el foco los movimientos de Salud Pública, a principios de la década de 1700, el movimiento de Salud Pública europeo y británico no reunieron fuerza completa hasta después de 1750. En los Estados Unidos, por su parte, los esfuerzos serios para mejorar la Salud Pública no se pusieron en marcha sino hasta la década de 1780.

En los países europeos, con el crecimiento de las ciudades por la industrialización y la afluencia masiva de los pobres rurales, el enfoque de las necesidades de Salud Pública a las puertas de los municipios y gobiernos floreció. La ruptura del feudalismo, la disminución de los monasterios y los recintos terrestres desposeyeron a los pobres rurales, situación que dio paso a las organizaciones municipales y hospitales voluntarios desarrollados, que reemplazaron a los que se administraban anteriormente por órdenes monásticas. En 1601, por ley, los británicos definieron al gobierno parroquial local como responsable de la salud y el bienestar social de los pobres; un sistema traído más tarde al Nuevo Mundo por colonos de Gran Bretaña.

Fue más tarde en la historia del ser humano, con el desarrollo industrial y comercio, y la diseminación de las enfermedades, cuando aparecieron prácticas y saberes referidos al proceso de salud-enfermedad en su dimensión colectiva; cuando surgieron las nociones de población, Estado y colectivo. En los siglos XVI, XVII y XVIII se va construyendo la Salud Pública como un tópico especifico de conocimiento. Así pues, se dio una especialización del saber que diferenció a esta disciplina de la Medicina individual. A la salud pública  le interesaba cómo hacer que las epidemias no mataran a la gente; había fenómenos que se manifestaban en las poblaciones, no en los individuos. Hasta inicios del siglo XIX no había un saber científico propio sobre la salud y la enfermedad en su dimensión colectiva; más bien era una ideología.

Así pues, las raíces de la Salud Pública se remonten a actividades previas del final del siglo XVII, cuando el pensamiento de la población, los datos de la misma y la epidemiología se elevan al mismo tiempo. Las raíces de una Salud Pública, cualitativamente diferente de la “Medicina” pública, pueden ser desde ese momento discernidas. Así, por ejemplo, en el aislamiento de los enfermos, el uso del jabón y la inoculación de la vacuna contra la viruela en el Ejército Continental.

Infecciones y el Renacimiento. Sífilis

Durante el Renacimiento, surgieron múltiples formas de infección. Una nueva forma virulenta de enfermedad se manifestó durante este tiempo: la sífilis, la cual fue descrita por primera vez por Girolamo Fracastoro. Este fue un médico, poeta, astrónomo y geólogo italiano, que escribió sobre “semillas de enfermedades” transportadas por el viento o por contacto directo. En esencia, él estaba proponiendo la teoría de la enfermedad de los gérmenes más de trescientos años antes de su articulación formal por Louis Pasteur y Robert Koch.

La sífilis, al parecer, fue traída de vuelta de América por los equipos de Cristóbal Colón, y se extendió rápidamente por toda Europa entre 1495 y 1503. Siguiendo a Porter (1999), hay que decir que fueron aprobadas medidas de control que fueron puestas a prueba en varias ciudades, y que incluyeron el examen y registro de prostitutas; el cierre de casas de baños comunales; el aislamiento en hospitales especiales; los informes de enfermedades, y la expulsión de enfermos, prostitutas o extraños. La enfermedad disminuyó gradualmente en virulencia, pero hasta la actualidad sigue siendo un importante problema de Salud Pública.

A la epidemia de sífilis, que realmente fue una pandemia que azotó a Europa a finales del siglo XV, se le conoció con el nombre de Morbus italicus. Se le asignó este nombre debido a que se relacionó con la invasión y conquista de Nápoles por las tropas del rey francés Carlos VIII, en 1495, luego de la desmovilización de las tropas mercenarias del rey francés, que se dispersaron por toda Europa. También se le conoció con el nombre de Viruela Mayor.

En la mitad de siglo XIX, apareció el mercurio como medicamento, el cual fue considerando esencial tanto para el diagnóstico como para la curación de la sífilis. Solo entonces se menciona por primera vez que la infección causada por la sífilis podría atribuirse al acto sexual.

Cólera

Otra infección que prosperó como consecuencia sanitaria de la industrialización y la expansión del comercio internacional fue el temible cólera. La primera epidemia, que se registró en el continente asiático, se dio en 1817, y se extendió posteriormente a Turquía y los países árabes. El cólera existió únicamente en Asia y en la India hasta el siglo XIX, desde donde se extendió por las rutas comerciales a casi todo el mundo, lo que causó seis pandemias desde 1817 hasta 1923. La primera pandemia conocida se dio en el año 1817 y persistió durante seis años, durante los cuales causó una gran mortalidad, principalmente en la India.

Una segunda pandemia tuvo lugar en 1826. Esta vez invadió el continente europeo, Llegó en 1830 a Moscú, Berlín y Londres. En 1831 cruzó el Atlántico y alcanzó las Américas, para luego atenuarse en 1839. De 1852 a 1862 se dio una tercera pandemia que afectó a los imperios de China y Japón, así como a África del Este, incluyendo Zanzíbar, Mozambique, Madagascar, las Islas Comores y Uganda. En 1853, 1855 y 1858 el cólera apareció en Etiopía. La pandemia también afectó a Europa, incluyendo Inglaterra, país que libró de esta enfermedad hacia 1859. Países como Estados Unidos, Canadá, Colombia, Trinidad y Tobago, Saint Thomas, Venezuela, Guayana, Brasil, Uruguay, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Argentina también se vieron afectados en esta ocasión.

En Italia, en el año 1854, Filippo Pacini, descubrió gran cantidad de bacterias en forma de coma, a las que llamó Vibrion cholerae, en el contenido intestinal de víctimas del cólera (González, Casanova y Pérez, 2011). Mientras tanto, en Londres, John Snow realizó, luego del estudio de la epidemia de Broad Street en Londres, algunas observaciones sobre el reservorio, las fuentes y la vía de esta enfermedad.
Entre 1863 y 1879, la cuarta pandemia afectó Asia, Europa y múltiples países en América, incluyendo Estados Unidos, Guadalupe, República Dominicana, Cuba, Saint Thomas, Nicaragua, Belice, Honduras, Paraguay, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina y por primera vez a Bolivia y Perú. Entre 1881 y 1896 apareció la quinta pandemia, que afectó a la población en casi todos los continentes, pero causó menos estragos que sus predecesoras. En esta ocasión la propagación inició en India y se diseminó hacia la Meca para llegar a Arabia y Egipto entre 1881 y 1882. La quinta pandemia en Europa permaneció prácticamente confinada a Francia, Italia y España. La sexta y última pandemia aconteció de 1899 a 1923, con inicio en el subcontinente indio, y se extendió por África, Asia Menor y Europa.

La causa del cólera fue señalada en el año 1854 por el Dr. John Snow, quien es considerado hoy en día como el padre de la epidemiología. En los diecisiete años que se estableció esta enfermedad en Londres, llegó a causar más de treinta mil muertes. Al inicio de la primera pandemia John Snow ya sospechaba que la posible causa de la enfermedad era debido al agua contaminada, pero necesitaba pruebas concluyentes. Finalmente, logró identificar un pozo que alimentaba las aguas de la ciudad; el pozo de Broad Street. Cuando se abrió la tapa de dicho pozo, se encontró que el agua estaba contaminada y el caso quedó cerrado. El alcalde de la ciudad, en ese entonces Joseph Brazalete, decidió realizar la construcción de un adecuado sistema de alcantarillado que se inauguró en 1865. Desde ese momento, en Londres disminuyeron los casos de cólera.

En retrospectiva, Snow hizo varias contribuciones importantes al desarrollo del pensamiento epidemiológico: propuso una nueva hipótesis sobre cómo se transmitía el cólera, probó esta hipótesis sistemáticamente haciendo comparaciones entre grupos de personas, proporcionó evidencia de una asociación entre beber del pozo Broad St. y contraer cólera y abogó por una intervención que evitara casos adicionales.

La idea sanitaria (1850-1875)

En muchos aspectos, la Salud Pública, tal como la concebimos hoy, es decir, como una función del buen gobierno, tomó forma en Londres y París a raíz de las devastadoras consecuencias para la salud de la Revolución Industrial. Sin embargo, las circunstancias que impulsaron el desarrollo de la Salud Pública como una disciplina son más complejas; con muchos factores contribuyentes.

Par empezar, debe tenerse en cuenta la noción de la importancia de la monarquía y el poder del Estado. La influencia y el poder de este se podrían evaluar de muchas maneras, así por ejemplo a través del comercio y los negocios, pero también por el tamaño, la salud y la aptitud de la población trabajadora. Esta noción cruda hizo que el trabajo de John Graunt fuera bastante convincente, y la importancia atribuida a “numerar a la gente” creció. No es sorprendente que la Oficina de Registro General se estableciera en 1837 para registrar de manera obligatorio los nacimientos, defunciones y matrimonios en Inglaterra y Gales. Este estamento estableció la importancia de la vigilancia con respecto a la salud.

Un segundo factor fue la aparición de la Ilustración en el siglo XVIII, que abarcaba la democracia, la ciudadanía, la razón, la racionalidad y el valor social de la inteligencia (el valor de la recopilación de información). Las grandes figuras durante la Ilustración se esforzaron por mejorar al mundo y las circunstancias de la humanidad. Mejorar la Salud Pública estaba entre los objetivos de muchos pensadores de la Ilustración. Estas ideas proporcionaron importantes fundamentos para la Salud Pública. A principios de 1800, Jeremy Bentham y sus discípulos (los radicales teóricos) desarrollaron la filosofía del utilitarismo, que proporcionó un fundamento teórico para la política de salud y políticas sociales más amplias. Uno de sus postulados fue que la reducción de la mortalidad y las mejoras en la salud tenían un valor económico para la sociedad; los trabajadores sanos eran más capaces de contribuir a la economía del Estado. Implícita en el utilitarismo estaba la noción de que uno podía medir el “mal” por el grado de miseria que se creaba (o aliviaba) mediante una acción particular. Para Bentham, el bienestar de los ricos y los pobres podría lograrse de manera más eficiente con un buen gobierno.

El periodo de la Ilustración trajo inventos y descubrimientos cruciales en muchas áreas. Estos avances incluyeron asuntos como la circulación de la sangre, la óptica, la clasificación científica, el cálculo, el microscopio y la gravedad, entre otros. Fue llamada “la era de la revolución del pensamiento”.

Durante el Renacimiento, las ciencias de la anatomía, fisiología, química, microscopía y Medicina clínica abrieron una base científica a la Medicina. Las escuelas de Medicina en las universidades desarrollaron afiliaciones con hospitales, lo que promovió observación clínica con mayor precisión en la descripción de la enfermedad. La teoría del contagio de la enfermedad, descrito en 1546 por Fracastoro y más tarde por Paracelsus, incluyó los términos de “infección” y “desinfección”. Sin embargo, fue solo en el siglo XIX que los partidarios de las reformas sociales pidieron obras públicas, como eliminación de aguas residuales y basura, para eliminar las fuentes de contaminación del aire, que se creía causaban enfermedad y muerte en los barrios pobres de las ciudades. En Inglaterra y los Estados Unidos, estos reformadores sociales se llamaron a sí mismos, Sanitarians, del Latin sanitas, que significa “salud”. Había leyes sanitarias, actos de Salud Pública e inspecciones sanitarias.

También fue en el siglo XIX que los inodoros se consideraron instalaciones “sanitarias”. El calificativo “sanitario” fue, desde entonces, asociado con muchas actividades del Estado directamente relacionadas con la salud del público. Esta oleada de leyes y acciones, y sus consecuencias beneficiosas, en el siglo XIX, son el sello indiscutible de la Salud Pública; una actividad explícitamente dirigida a proteger la salud del público.

Otro factor fue el reconocimiento de que la mala salud era una carga que recaía desproporcionadamente sobre los pobres. Villermé, un médico radicado en París, había notado que las tasas de mortalidad variaban ampliamente entre los distritos de la ciudad. Trató de correlacionar la mortalidad con la distancia del distrito del río Sena, la relación de las calles con los vientos dominantes, la fuente de agua del distrito y los factores climatológicos locales como el tipo de suelo, la exposición al sol y la elevación, entre otros. Ninguna de estas cosas tenía demostraba tener correlación, sin embargo, cuando utilizó las tasas impositivas como un indicador de riqueza, Villermé encontró una correlación sorprendente con las tasas de mortalidad.

En 1842, Sir Edwin Chadwick, reformador social, publicó el famoso documento titulado Informe sobre las condiciones sanitarias de la población trabajadora de Gran Bretaña, que demuestra que la esperanza de vida era mucho menor en las ciudades que en el campo. Chadwick argumentó que era posible que el gobierno mejorara la vida de las personas a través de la reforma; creía que una población más sana podría trabajar más y costaría menos mantenerla. Concluyó que lo que realmente se necesitaba no eran más médicos, sino ingenieros civiles para drenar las calles y diseñar formas más eficientes de suministrar agua limpia y eliminar las aguas residuales y otras sustancias nocivas. Estos desarrollos sociales, económicos, políticos y filosóficos contribuyeron a la idea emergente de que la Salud Pública era un interés legítimo del Gobierno.

Muchos de los partidarios de la “idea sanitaria”, incluido Edwin Chadwick, eran “miasmáticos” que se aferraban a la creencia de que la enfermedad era causada por la respiración de vapores inmundos. Como las aguas negras y la basura olían mal, estaban asociadas con enfermedades, por lo que los miasmáticos presionaron para limpiar el medio ambiente. A pesar de que su creencia en los miasmas resultaría ser incorrecta, el resultado final fue que muchas de las fuentes de enfermedades infecciosas fueron eliminadas. Chadwick jugó un papel decisivo en la creación de una administración central de Salud Pública que allanó el camino para el drenaje, el alcantarillado, la eliminación de basuras, la regulación de la vivienda y las reglamentaciones relativas a las molestias y el comercio ofensivo. Esta “idea sanitaria” dio como resultado mejoras notables en la salud y el bienestar.

El informe de Chadwick proporcionó impulso para el establecimiento de una serie de sociedades y grupos de presión compuestos por políticos, funcionarios públicos y reformadores sociales que presionaron al parlamento. Entre otros, estos incluyen: la Asociación de Salud de Ciudades (1844), la Asociación Metropolitana para la Mejora de las Viviendas de las Clases Industriales y la Asociación para Mejorar la Limpieza entre los Pobres.

A través de sus esfuerzos se aprobó una legislación histórica que incluyó la Ley de Remoción de Molestias (1846), que otorga a los jueces locales el poder de enjuiciar y multar a los propietarios por infracciones relacionadas con el saneamiento (viviendas precarias, basura, pozos negros y desagües defectuosos). La Ley de Salud Pública (1848) creó una Junta General de Salud en Londres, con la facultad de dirigir las localidades para crear consejos locales facultados para hacer frente a la suciedad ambiental. En la década de 1850, se formó la Sociedad Epidemiológica de Londres, integrada por médicos locales, ex comandantes militares y funcionarios que presentaron documentos relacionados con cuestiones de Salud Pública. En el año 1853, John Snow presentó “La mortalidad comparativa de las grandes ciudades y los distritos rurales y las causas por las que se ve influenciada”. Esta intersección de estadísticas, filosofía y economía generó una nueva agenda para la reforma social.

Estos esfuerzos tuvieron un impacto enorme. Se cree que la notable disminución de la mortalidad por tuberculosis y otras enfermedades infecciosas fue el resultado de las muchas mejoras ambientales que se produjeron como resultado de la implementación de la “Idea Sanitaria”.

A finales de 1800 aparece en el panorama Louis Pasteur. Este biólogo y químico francés hizo una enorme contribución a la teoría de los gérmenes, a la prevención del deterioro de los alimentos y al control de las enfermedades. En 1853, Pasteur comenzó a estudiar la fermentación en vino y cerveza y rápidamente concluyó que los microorganismos eran responsables de este proceso. También descubrió que los microbios en la leche podrían matarse calentándola a altas temperaturas, proceso que hoy en día se conoce como “pasteurización”. Descubrió que algunos microorganismos requieren oxígeno (organismos aeróbicos), mientras que otros se reproducen en ausencia de oxígeno (anaeróbico).
Pasteur fue pionero en la idea de generar artificialmente microorganismos debilitados como vacunas, sin embargo, Edward Jenner ya había demostrado con anterioridad este principio con la viruela de las vacas, que se produce naturalmente. Pasteur pudo debilitar artificialmente las cepas de ántrax y cólera para generar vacunas. Fue él, de hecho, quien acuñó el término “vacuna”, para designar el descubrimiento de Jenner. En 1885 desarrolló una vacuna contra la rabia, haciéndola crecer en conejos y luego secando el tejido nervioso que había sido infectado con el virus. Esta vacuna fue utilizada con éxito para salvar la vida de un niño que había sido mordido por un perro rabioso.

No puede desconocerse el gran impacto que ha tenido en la Salud Pública la aplicación a gran escala de los conocimientos científicos, en especial de los avances en inmunología. La producción de la inmunidad artificial dio las bases para la prevención de la viruela por medio de la valorización y más tarde para el descubrimiento de la vacuna. Fue así como la viruela llegó a ser la primera enfermedad declarada por la Organización Mundial de la Salud ( OMS ) como erradicada. Otros avances en este campo han sido el control de la poliomielitis, el tétanos, la difteria, el sarampión y otras importantes enfermedades que golpearon a la humanidad hasta el presente siglo.

Mientras Pasteur y otros investigadores crearon las bases para la explicación de las causas y las formas de prevención de las enfermedades contagiosas, un grupo de jóvenes cirujanos ingleses proveía las bases para su aplicación a la prevención de las infecciones de las heridas, que con frecuencia terminaban en septicemias fatales. Esta complicación fue especialmente común en los hospitales, donde los pacientes sucumbían a la gangrena hospitalaria, lo cual llevó a la restricción de las intervenciones quirúrgicas.

Aunque en 1846 apareció la anestesia para ayudar en los procedimientos quirúrgicos, aun persistía el peligro de la septicemia, pues las condiciones de asepsia y antisepsia en los mismos todavía eran precarias, lo que causaba tasas epidémicas en muchos lugares.

Esta era la situación cuando el cirujano Joseph Lister, quien había estado estudiando el problema y tenía una “mente preparada” para hacer la conexión con los conocimientos generados por Pasteur, introdujo las prácticas de asepsia en cirugía. Lister aplicó por primera vez el ácido carbónico como desinfectante, en agosto 12 de 1865.

Lo anterior tuvo lugar junto al control del medio ambiente, el impacto producido por las reformas sanitarias –con aplicación de la teoría de que “una ciudad limpia es una ciudad saludable”–, el control de la calidad del agua y los alimentos, la disposición de desechos sólidos y líquidos; todas estas aplicaciones del conocimiento que Milton Terris ha denominado como la Primera Revolución Epidemiológica, con impacto directo sobre el perfil de morbimortalidad a nivel mundial. Un ejemplo dramático fue la declinación en la tendencia de la mortalidad por fiebre tifoidea, en Londres, que pasó de 332 por millón en 1880, a veinticinco por millón en 1925, como consecuencia de las intervenciones y regulaciones sobre higiene del medio e higiene personal, entre ellas el uso de ropa interior de algodón, que facilitó la limpieza del vestido.
 
Referencia bibliográfica y nota de la Redacción de Ibercampus.es:

Esta lectura consta de cinco piezas, con el imperativo de enfocar los graves problemas actuales desde la comprensión de los sistemas adaptativos complejos (SAC) de la naturaleza que recomienda el consejo editorial de ibercampus.es.

En la primera se esas piezas ya reproducimos la referencia bibliográfica de esta historia de la salud pública que aparece en el primer tomo de "Complejidad y Salud" (Universidad El Bosque),  gracias a la colaboración de la autora, la profesora Laura Julieta Vivas:

La salud pública, a la luz de la historia:

1) Los inicios. Astros y dioses cuando la prioridad era encontrar suficiente comida, no sobrevivir a las epidemias

2) El mundo greco-romano. Adiós a la medicina sacerdotal: Apolo, dios de la cura, fue reemplazado por Asclepio, héroe médico

3) Edad Media. Un milenio de oscuridad y Muerte Negra: aislar e incluso desterrar a infectados


4) Iluminación,revolución e ilustración. Renacimiento y revoluciones plagadas de infecciones, pero más saludables

5) Los ciudadanos democráticos. Extendida la salud en la ciudadanía democrática hasta lograr erradicar el virus de la viruela


Estas cinco piezas han sido sacadas por Ibercampus.es del primer capítulo de la obra cuyo índice aparece a continuación, titulada:

Salud pública y complejidad. Historia, conceptos, ejes
Colección Complejidad y Salud, Vol. 1 

© Editorial Universidad El Bosque 
Rectora: María Clara Rangel Galvis

Presentación
cap. 1 Historia de la Salud Pública
Laura Julieta Vivas
cap. 2 ¿Por qué es imposible la política pública en salud como la conocemos?
Luis Alejandro Gómez Barrera
cap. 3 Epigenética y Salud Pública
Santiago Galvis Villamizar
cap. 4 Salud entre determinismo y complejidad biológica: de la aserción genética molecular a la complejidad Eco/Evo/Devo
José Vicente Bonilla
cap. 5 Las Ciencias de la Complejidad y la salud organísmica amplían la comprensión de la vida humana
Chantal Aristizábal
cap. 6 Salud y/como grados de libertad
Carlos Eduardo Maldonado
Los autores
Índice onomástico


© Carlos Eduardo Maldonado (Comp.)
© Laura Julieta Vivas
© Luis Alejandro Gómez Barrera
© Santiago Galvis Villamizar
© José Vicente Bonilla
© Chantal Aristizábal Tobler
Facultad de Medicina
Primera edición, abril de 2019
ISBN: 978-958-739-153-4 (Impreso)
ISBN: 978-958-739-154-1 (Digital)
Editor: Miller Alejandro Gallego Cataño
Dirección gráfica y diseño: María Camila Prieto Abello
Corrección de estilo: Andrés Velez
Hecho en Bogotá D.C., Colombia
Vicerrectoría de Investigaciones
Editorial Universidad El Bosque
Av. Cra 9 n.° 131A-02, Bloque O, 4.° piso
+57 (1) 648 9000, ext. 1395
editorial@unbosque.edu.co
www.uelbosque.edu.co/investigaciones/editorial
Impresión: LB Impresos
Abril de 2019

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Pensamiento mágico-religioso, astros y dioses,cuando la prioridad no era sobrevivir a las epidemias
TESIS Y TESINAS
Equilibrio y control postural en la niñez autista, claves para mejorar su integración sensorial
China tiende a elevar su influencia al sur de Panamá y EEUU al norte, geográfica y funcionalmente
Banco de España urge reforzar educación y formación de habilidades con el Fondo de Reconstrucción
Gana fuerza la idea de que los anticuerpos del COVID no garantizan inmunidad ante la reinfección
En confinamiento, la desigualdad se magnifica
España, segundo país de la UE donde más creció la desigualdad de rentas durante la crisis
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